Carácter voluntario del teletrabajo

Esta dura crisis sanitaria que hemos vivido, desde el punto de vista laboral se recordará por dos aspectos: el procedimiento de Expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE) derivados del Covid-19 y la modalidad de teletrabajo.

En muchos medios se ha oído la frase de que  “el teletrabajo ha venido para quedarse”. Facilitar y promover el teletrabajo fue de las primeras medidas del Gobierno, para paliar los efectos de la crisis sanitaria, permitiendo la continuidad de la actividad sin riesgo de contagio. Pero lo cierto es que esta modalidad de trabajo ya existía y venía siendo utilizada por algunas empresas, aunque por la mayoría de empresas se veía aún con reticencia.

El teletrabajo debe ser aceptado voluntariamente por el trabajador. La empresa no puede imponer el teletrabajo, ni siquiera a través de un procedimiento de modificación sustancial de condiciones de trabajo, ni tampoco de la negociación colectiva. Los representantes de la empresa y de las personas trabajadoras pueden pactar las condiciones del teletrabajo, un plan de teletrabajo, pero el trabajador debe adscribirse a este plan de forma voluntaria e individual.

Muy relacionado con el Teletrabajo tenemos la figura del derecho a la desconexión digital, que ha ganado mucha importancia debido al avance tecnológico y que es imprescindible regular  para garantizar ese derecho de los Trabajadores a desconectar del trabajo al concluir la jornada laboral.

el mayor reto del teletrabajo es el derecho a la desconexión, con el fin de limitar las consecuencias negativas que este tipo de trabajo puede tener para la salud y el bienestar, debido a sus interferencias con la vida privada, la intensificación del trabajo y la realización de tareas adicionales o suplementarias”

https://www.eurofound.europa.eu/publications/report/